¿Duermes y no descansas? Mitos y realidades del sueño

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¿Duermes y no descansas? Mitos y realidades del sueño



Las dificultades para conciliar el sueño se han acrecentado a raíz de la pandemia y de los diversos escenarios de incertidumbre que se han detonando desde lo económico y dinámicas de convivencia familiar y social que ahora son diferentes, es por ello que el marco del Día Mundial del Sueño que se celebra el próximo 19 de marzo, la compañía especialista en descanso “Emma – The Sleep Company” (con sede en Fráncfort del Meno, Alemania) presenta algunos mitos y verdades de lo qué ocurre cuando tratamos de lograr un descanso perfecto.

Mito 1: “Entre más profundo duermas más descansas”

El sueño profundo –también llamado sueño de onda lenta, debido a sus ondas cerebrales características– es crucial para sentirse renovado a la mañana siguiente. El sueño profundo es la fase del sueño más restauradora y se asocia con funciones vitales, como la producción de hormonas de crecimiento y el fortalecimiento del sistema inmunológico. Sin embargo, la suposición de que dormir profundamente solo determina cuánto tiempo debemos dormir es incorrecto.

Además del sueño profundo, las etapas restantes del sueño ligero y el sueño REM también tienen funciones significativas. Dormir más ligero, la etapa del sueño N2, por ejemplo, también contribuye al procesamiento y consolidación de la memoria y desempeña un papel fundamental en el aprendizaje.

Realidad: la etapa del sueño profundo es fundamental para nuestro descanso, pero si nos levantamos después de completar varios ciclos de sueño profundo, nos privamos de otras etapas importantes del sueño. Cada etapa del sueño tiene sus propios beneficios, por lo que el sueño saludable y beneficioso depende de todas las etapas juntas.

“El sueño es un determinante importante de nuestra salud y bienestar. Dormir adecuadamente es vital para el funcionamiento del sistema inmunitario, incluida la producción de anticuerpos, lo que reduce el riesgo de infecciones virales”, explica la Dra. Verena Senn, neurobióloga y experta en sueño para la firma colchones Emma.

Mito 2: “Beber café te quita el sueño”

Durante el día, el cuerpo consume mucha energía, lo que hace que la adenosina se produzca y aumente la concentración. Al unirse a ciertos receptores, la adenosina apaga las áreas que inducen la vigilia del cerebro y simultáneamente aparece áreas que inducen el sueño. Por esta razón, la cafeína también se le conoce como la antagonista de la adenosina porque ejerce un efecto energizante.

La cafeína puede afectar el sueño en varios niveles como la reducción del sueño profundo o la calidad del sueño subjetivamente más pobre, sin embargo, esto no se aplica universalmente a todos, el efecto y la duración de la cafeína varía mucho entre los individuos y depende de una variedad de factores diferentes.

Realidad: la cafeína apoya el estado de alerta y contrarresta los mecanismos que inducen el sueño. Cuánto dura el efecto del café, depende de una variedad de factores interindividuales que deben considerarse. Mientras que, para algunos, la ingesta de cafeína por la tarde ya puede interferir con el sueño por la noche, otros todavía pueden consumir cafeína después de la cena sin experimentar ningún problema para dormir.

Mito 3: “Realizar ejercicio por la noche inhibe el sueño”

Es una creencia común que hacer ejercicio por la noche despierta la activación fisiológica y por lo tanto dificulta el sueño. Vale la pena echar un vistazo más de cerca a este mito en particular. El ejercicio nocturno de alta intensidad se ha demostrado en algunos estudios para retrasar el inicio del sueño debido a un aumento de la frecuencia cardíaca, además del incremento de los niveles de endorfina que nos mantienen en estado de aleta, contribuyendo a la dificultad para conciliar el sueño.

También se han demostrado efectos positivos sobre el sueño, como una latencia de inicio de sueño más corta o una mejor calidad del sueño. Esto puede explicarse por un efecto termogénico, por ejemplo. Durante el ejercicio, la temperatura corporal aumenta y luego disminuye de nuevo poco después. Este descenso de la temperatura después de completar el entrenamiento imita el cambio natural de temperatura que se produce antes de quedarse dormido.

Realidad: es un error afirmar que el ejercicio cerca de la hora de acostarse tiene un impacto negativo en el sueño. Hacer ejercicio por la noche puede ayudar a alinear nuestro reloj interno y facilitar el sueño debido a los cambios en la temperatura corporal central. Una vez más, esto no puede generalizarse a todas las personas, por lo que cada uno debe identificar sus propias preferencias y observar si el ejercicio en la noche promueve o inhibe su sueño. Pero en lugar de satanizarlo en general, vale la pena intentarlo, ya que para muchos de nosotros este horario del día podría ser óptima para hacer ejercicio.

Con información de Emma – The Sleep

jb

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